¿Cuánto hace que no paras de verdad?

Nos cuesta parar. Escribo esto mientras cae la lluvia 😊. El filósofo Byung-Chul Han lo explica muy bien en su obra "La sociedad del cansancio": vivimos en alerta continua, corriendo de tarea en tarea, como si nuestra supervivencia dependiera de estar ocupados. Antiguamente teníamos que estar en alerta por supervivencia, pero hoy en día se supone que la evolución y desarrollo mejoraron esto, y, sin embargo, estamos empeñados en realizar todo el tiempo cosas y estar estresados por ello, lo que hace que no salgamos del estado de alerta y que se anule el aburrimiento. ¿El problema? Que cuando nunca paramos, nuestro cerebro tampoco descansa. La Red Neuronal por Defecto (RND) —la que se activa cuando estamos en reposo, soñamos despiertos, divagamos, descansamos, nos aburrimos o meditamos— deja de hacer su trabajo: integrar experiencias, generar creatividad, sostener nuestra identidad, la memoria... Que la mente esté de un lado a otro, es útil para resolver problemas, trabajar, ser funcionales en el día a día, tener metas y objetivos... pero hacerlo constantemente sin parar, no sólo no es útil, sino que genera sufrimiento y tiene consecuencias a nivel cognitivo. Este fenómeno, descubierto por Joseph LeDoux, se denomina periodo refractario y ocurre cuando la amígdala, al activarse, inhibe la actividad de la corteza frontal, encargada del razonamiento. Es decir, la amígdala se hipertrofia (se activa y crece), priorizando lo que sentimos y bloqueando que contradiga lo que sentimos. ¡Esto es muy fuerte! porque vivimos "engañados" y según lo que sentimos, no en la realidad. Para mí, descubrir esto, ha sido un antes y un después. Nos convencemos de ello para que no haya contradicción interna, porque al cerebro no le gustan las incoherencias. ¿Consecuencias? La capacidad de pensar con claridad y tomar decisiones lógicas se ve afectada. Se presta atención y se recuerdan selectivamente los aspectos de la situación que respaldan la emoción, aumentando la sensación de que la persona está completamente en lo cierto. Favorece el estado de rumiación y pensamientos negativos, creando un círculo vicioso que contribuye a la angustia emocional, estrés, ansiedad, miedo elevado, depresión... Dificulta el registro adecuado de los acontecimientos (memoria). Etc. No saber parar, produce micro-recompensas de dopamina que generan placer efímero, pero no una verdadera satisfacción. Acostumbra al cerebro a recibir estímulos en ráfagas, lo que dificulta mantener la concentración en tareas más largas y significativas, afectando a la capacidad de aprendizaje. Mantiene la RND en un estado de actividad excesiva, favoreciendo la rumiación y pensamientos negativos. Nos lleva a sentir culpa o vacío porque nos desconecta de experiencias presentes más significativas. Casi nada. ¿Hace cuánto que no paras de verdad? Y no hablo de tumbarte en el sofá con el móvil a hacer scroll infinito. Hablo de parar por dentro. Apagar el ruido. Darte un respiro. 🫀

Verónica Pérez Gómez

10/6/20251 min read